lunes, 19 de octubre, 2020

Tensiones entre Estado y Nación

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En principio, nada tienen en común Cataluña, Kurdistán, Escocia, Quebec y otras regiones en el mundo. Sin embargo, en todas ellas encontramos movimientos separatistas que ponen en fuerte tensión a la idea de Estado -Nación.

Si un Estado puede ser entendido como el actor político organizado alrededor de un territorio, de una población y de poder, la idea de Nación se relaciona más bien con aspectos ideales y la construcción de una identidad compartida entre la población (habitantes de ese estado). El proceso de construcción de esa identidad se apoyaba y sigue sucediendo en elementos comunes compartidos por esa población, como pueden ser una lengua, un origen histórico común, símbolos como una bandera, escarapela o un himno nacional.

La idea de Nación se relaciona con la construcción de un sentido de pertenencia para ese conjunto de la población, de manera tal que la dialéctica Nosotros-Ellos es uno de los resultados de la idea de Nación.

Ahora bien, durante todo el siglo pasado y en lo que vamos transitando de este siglo XXI, diferentes movimientos secesionistas han puesto en tela de juicio la idea de que a cada Estado le corresponde solamente una Nación. Así podríamos citar los casos de la ex Checoslovaquia, que a comienzo de 1993 se dividió políticamente en República Checa y Eslovaquia; Timor Oriental, una ex colonia portuguesa que consigue su independencia en 1973 pero casi inmediatamente es anexionada por Indonesia; Kosovo, una provincia de Serbia (uno de los estado que constituían la multiétnica ex Yugoslavia), Escocia, Sudán del Sur y podríamos continuar.

Estos complejos procesos deberían llevarnos a la necesidad de rescatar la idea de que pueden existir Naciones sin Estado (por ejemplo los gitanos), Naciones como la Judía que tardíamente en términos históricos lograron organizarse como estados (1948) y estados plurinacionales, tal como se denomina constitucionalmente Bolivia a partir de su Constitución Nacional de 2008.

Gustavo Patricio Tarragona

En principio, nada tienen en común Cataluña, Kurdistán, Escocia, Quebec y otras regiones en el mundo. Sin embargo, en todas ellas encontramos movimientos separatistas que ponen en fuerte tensión a la idea de Estado -Nación.

Si un Estado puede ser entendido como el actor político organizado alrededor de un territorio, de una población y de poder, la idea de Nación se relaciona más bien con aspectos ideales y la construcción de una identidad compartida entre la población (habitantes de ese estado). El proceso de construcción de esa identidad se apoyaba y sigue sucediendo en elementos comunes compartidos por esa población, como pueden ser una lengua, un origen histórico común, símbolos como una bandera, escarapela o un himno nacional.

La idea de Nación se relaciona con la construcción de un sentido de pertenencia para ese conjunto de la población, de manera tal que la dialéctica Nosotros-Ellos es uno de los resultados de la idea de Nación.

Ahora bien, durante todo el siglo pasado y en lo que vamos transitando de este siglo XXI, diferentes movimientos secesionistas han puesto en tela de juicio la idea de que a cada Estado le corresponde solamente una Nación. Así podríamos citar los casos de la ex Checoslovaquia, que a comienzo de 1993 se dividió políticamente en República Checa y Eslovaquia; Timor Oriental, una ex colonia portuguesa que consigue su independencia en 1973 pero casi inmediatamente es anexionada por Indonesia; Kosovo, una provincia de Serbia (uno de los estado que constituían la multiétnica ex Yugoslavia), Escocia, Sudán del Sur y podríamos continuar.

Estos complejos procesos deberían llevarnos a la necesidad de rescatar la idea de que pueden existir Naciones sin Estado (por ejemplo los gitanos), Naciones como la Judía que tardíamente en términos históricos lograron organizarse como estados (1948) y estados plurinacionales, tal como se denomina constitucionalmente Bolivia a partir de su Constitución Nacional de 2008.

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Politólogogptarragona@gmail.com

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